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La simonía en la biblia: ¿pecado o herejía? Definición, significado, importancia

La simonía es fundamentalmente el comercio de las cosas sagradas, hay un antecedente a Simón Mago, en la expulsión de los vendedores del Templo en el evangelio: "Jesús entro en el Templo y echó de allí a todos los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas. "Escrito está - les dijo- : Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la están convirtiendo en una cueva de ladrones"" Mateo 21:12-17
Si bien la expulsión de los vendedores del tempo no es simonía, si tiene un parecido. La simonía es una de las primeras herejías a las que se enfrenta la iglesia en sus orígenes, junto con la Ley del Talión (un principio de justicia distributiva) en Mateo 5:38-42, que se aplicaba con frecuencia. Muchos conceptos de la filosofía griega, fundamentalmente los relacionados con la búsqueda de la felicidad (el vínculo entre los seres humanos se reduce a la práctica de la justicia), se pueden considerar herejía. Herejías que nos alejan del camino de la misericordia, del camino de la piedad.
El pecado es toda omisión del bien: "porque el que sabe obrar el bien y no lo hace comete pecado" Santiago 4:17. Cuando el pecado se transforma en enseñanza es ahi que se convierte en una herejía, la herejía es la enseñanza del error, la simonía tiene doble significado es tanto pecado como herejía.
Simón trata de comprar dones espirituales con dinero: "Desde hacia un tiempo, vivía en esa ciudad un hombre llamado Simón, el cual con sus artes mágicas tenia deslumbrados a los Samaritanos y pretendía ser un gran personajes. Todos, desde el pequeño hasta el mas grande, lo seguían y decían: "Este hombre es la fuerza de Dios, esa que es llamada Grande". Y los seguían, porque desde hacia tiempo los tenia seducidos con su magia. Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar. Simón también creyó, y una vez bautizado, no se separaba de Felipe. Al ver los signos y los grandes prodigios que se realizaban, el no salía de su asombro...
Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, Simón les ofreció dinero, diciéndoles: "Les ruego que me den ese poder a mi también para que aquel a quien yo imponga las manos, reciba al Espíritu Santo". Pedro le contesto: "Maldito sea tu dinero y tu mismo, porque has creído que el don de Dios se compra con dinero"" Hechos 8:9-20

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